El bosque. Árboles de hoja caduca. Me meto en la cabaña. Mi cabaña. Recuerdo cuando iba con mi padre a recoger setas en primavera. En este mismo bosque. Cuando tenia sueño, descansaba en esta cabaña, sobre la chaqueta de mi padre. Recuerdo que entrecerraba los ojos y observaba como sacaba las setas de la cesta cuidadosamente analizándolas y escribiendo en lo que era el cuaderno de dibujo de mi madre. Ese cuaderno es el único recuerdo que me queda de mi madre. Lo unico que heredé de ella. Todavía me acuerdo de lo último que me dijo. Fue horas antes de que aquél encapuchado disparando contra mi madre. Delante de mis propios ojos. Soltando su mano de la mía. Pronunciando sus ultimas palabras hacia mi, susurrandome: "No dejes que te descubran...el brazo". Nunca entendí lo que me dijo. No tengo nada estraño en los brazos. Recuerdo que desaprecí, mejor dicho, me perdí. El infinito bosque otra cabaña así durante meses, alimentandome de lo que la naturaleza me regalaba. Con tan solo once años. Todo pasó tan rápido, y en el mismo año. Cuando volví a casa había una carta roja en la puerta. Era de Cap. Anunciaba que no había conseguido pasar las pruebas del Sector 9. Habia perdido un hermano, una madre, un padre. Habia perdido a mi familia. Mi padre, borracho y destrozado. Mi madre, muerta. Cap, rechazado y, posiblemente muerto. Los excluidos no suelen durar mucho tiempo con vida.
Llaman para que nos reunamos todos en la plaza metálica gris. Con el escudo en el suelo y en la pared de presentación. Voy a casa ya que llevo dos días fuera. Mi padre está en el mismo sitio. Levanta la cabeza para mirarme y la vuelve a bajar, entonces digo en voz baja: "perdedor".
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